Entrevista a Ángela de Miguel y Luis Collado: «Las pymes han sido las grandes olvidadas de las políticas públicas en España»
En esta entrevista en exclusiva a Fevymar, Ángela de Miguel, presidenta de CEPYME y Luis Collado, presidente de AECIM y presidente del Observatorio de la
Morosidad de CEPYME, coinciden en un mismo diagnóstico: la sobrerregulación, la morosidad y una fiscalidad que penaliza el trabajo están asfixiando a la pyme española, mientras la microempresa desaparece en pleno crecimiento económico.
P. Lleva un año en la presidencia de CEPYME. ¿Qué balance hace?
R. Ángela de Miguel: Lo que hemos constatado en CEPYME durante este año es una fuerte dualidad en el tejido económico español. Nuestras pymes —y especialmente las microempresas, con menos de cinco trabajadores o sin asalariados— atraviesan una situación muy complicada. Para conocer esa realidad hemos recorrido casi 60 territorios y hablado con organizaciones empresariales de toda España.
La principal conclusión es que las pymes han sido las grandes olvidadas de las políticas públicas. Pero también hemos encontrado empresarios que, pese a todas las dificultades, siguen comprometidos con su territorio, sus equipos y el futuro de sus ciudades. Son los héroes de la economía española y necesitan sentirse acompañados.
Buena parte de la calidad de vida que disfrutamos en España depende precisamente de ellas. Las pymes mantienen vivo el comercio, los servicios y la actividad económica de barrios y municipios. Sin un taller, una peluquería o un pequeño supermercado, muchos pueblos dejan de ser lugares donde la gente quiera vivir.
Por eso debemos reconocer no solo su aportación económica, sino también su función social y cultural.
P. Las pymes españolas cargan con una mochila de problemas estructurales que pocas veces ocupan los titulares. ¿Cuál es el que más le preocupa y que menos atención recibe en el debate público?
R. Ángela de Miguel: El principal problema es la sobrerregulación. La mayoría de las normas están diseñadas pensando en la gran empresa y después se intentan adaptar a la pyme, cuando su realidad es completamente distinta.
Desde SMEunited defendemos el principio de think small first: pensar primero en la empresa más pequeña. Una norma diseñada para una microempresa también puede cumplirla una multinacional; al contrario, es prácticamente imposible.
A esa complejidad normativa se suma un incremento de costes cercano al 25 % en los últimos años, impulsado por la inflación, pero sobre todo por el aumento de los costes laborales. Solo estos han crecido un 4,8%, muy por encima de las cifras habituales.
Además, muchas de las nuevas regulaciones laborales no tienen en cuenta cómo funciona una microempresa, donde las relaciones son mucho más cercanas y horizontales que en una gran corporación. Aplicar las mismas reglas a realidades tan diferentes acaba generando distorsiones e injusticias. Las consecuencias ya son visibles. En los últimos años las grandes empresas han seguido creando empleo, mientras que las pymes apenas lo han hecho.
En 2025, las grandes empresas generaron 300.000 nuevos contratos frente a apenas 3.000 de las pymes, que representan el 94 % del tejido empresarial.
Lo único que pedimos es que, antes de legislar, se piense cómo se aplicará esa norma en una pequeña empresa o en un pueblo. Una regulación excesiva termina perjudicando también a los trabajadores porque resta flexibilidad y dificulta la contratación.
A ello se suma otro problema: hemos ido desmantelando el modelo de aprendices por la vía regulatoria. Recuperarlo sería una de las mejores herramientas para combatir el desempleo juvenil, especialmente en oficios que ofrecen estabilidad, buenos salarios y que, además, tendrán una menor exposición al impacto de la inteligencia artificial.
P. La morosidad sigue siendo una herida abierta para el tejido empresarial. ¿La legislación actual protege suficientemente a las pymes o necesitamos una reforma más profunda y con más dientes?
R. Ángela de Miguel: En toda la cadena de valor, el eslabón más débil frente a la morosidad siempre es la pyme, y especialmente la micropyme. Es la que más sufre, porque no tiene la misma capacidad de financiarse cuando se producen retrasos en los pagos —a tres meses en muchos casos, y a seis cuando se trata de la administración pública—.
Existe regulación que ya aborda estas situaciones, pero hace falta aterrizarla con medidas realmente eficaces que hagan el sistema mucho más dinámico y eviten que se produzcan, porque la empresa más pequeña también tiene dificultades para financiarse, y en muchos casos esa falta de cobro puede llevarla directamente al cierre.
Desde el Observatorio de Morosidad de CEPYME, que dirige Luis Collado, nos preocupa especialmente el repunte de los tipos de interés, que puede empujar a más empresas al cierre. Creo que hay que replantear el sistema: la microempresa tiene capacidad de financiación, pero ya hemos vivido otras épocas con altos índices de morosidad, sobre todo del sector público, que se llevaron por delante a muchísimas empresas que tenían actividad y estaban saneadas, simplemente porque no les pagaban y las entidades financieras, al ver un riesgo demasiado alto, no las financiaban. Por eso es fundamental buscar mecanismos que permitan cobrar en plazo, sin que la voz más débil de la cadena salga perjudicada.

R. Luis Collado: La situación es muy grave para todas las pymes y micropymes. Seguimos creciendo en concursos de acreedores, y en muchísimos casos las pymes ni siquiera presentan un plan de reestructuración: directamente echan el cierre. A esto se suma el problema del relevo generacional, la falta de financiación, el coste de los tipos de interés y el encarecimiento de los costes laborales, además del incremento del coste de las materias primas por los conflictos geopolíticos.
La micropyme y la pyme están ejecutando hoy obras que se contrataron hace seis meses, en condiciones y precios totalmente distintos a los actuales, sin posibilidad de revisión de precios, porque en cualquier negociación son la parte más débil. Solo los materiales han subido de media un 12% desde marzo por el conflicto de Ormuz, un margen que la empresa no tiene. A esto hay que sumar problemas históricos como el retraso en el cobro de la inversión del sujeto pasivo por parte del Ministerio de Hacienda, la dificultad para encontrar personal —con una tasa de absentismo del 8%— y el consiguiente encarecimiento de cada contratación.
«Va a ser un año muy triste para las pymes: ya estamos en niveles de 6.000 concursos de acreedores al año, algo que no ocurría desde 2010» – Luis Collado
Todo junto está provocando una cantidad enorme de cierres. Va a ser un año muy triste para las pymes: ya estamos en niveles de 6.000 concursos de acreedores al año, algo que no ocurría desde 2010. Cuando tienes una empresa, te planteas qué herencia le vas a dejar a tus hijos, y en España podíamos presumir de negocios que llegaban a la tercera y cuarta generación. Cada cierre rompe esa continuidad y esa ilusión. Necesitamos, con urgencia, resolver los problemas de financiación de las pymes.
P. España crece por encima de la media europea, los datos macro acompañan, pero muchas pymes siguen sin notarlo en su cuenta de resultados. ¿A qué se debe esto?
R. Ángela de Miguel: El Indicador Pyme de CEPYME refleja una clara dualidad. La gran empresa crece, la mediana lo hace a menor ritmo, la pequeña todavía menos y la microempresa permanece prácticamente estancada. Desde la pandemia han desaparecido 25.000 microempresas de hasta dos trabajadores, precisamente en un periodo de crecimiento económico.
Esto responde, en buena medida, a la asfixia normativa y al incremento de las cargas fiscales y laborales. Cuando una empresa muy pequeña tiene que afrontar la misma complejidad administrativa que una gran compañía, parte con una clara desventaja competitiva.
Los datos macroeconómicos son positivos, pero conviene analizarlos con perspectiva. La economía crece, entre otras razones, por el aumento del gasto público y de la población. Sin embargo, cuando observamos la renta per cápita comprobamos que ese crecimiento no se traduce en una mayor riqueza para cada ciudadano.
La microempresa tampoco se beneficia de ese contexto. No puede ser que una ferretería, en cualquier punto de España, tenga que cumplir con 3.500 normas. El coste de dedicar tiempo y recursos simplemente a cumplir la regulación acaba restando competitividad a quien menos capacidad tiene para asumirlo.
«No puede ser que una ferretería, en cualquier punto de España, tenga que cumplir con 3.500 normas» – Ángela de Miguel
A ello se suma la elevada fiscalidad sobre el trabajo. La OCDE advertía recientemente de que en España ya se pagan más impuestos por trabajar que por consumir, algo que desincentiva tanto la contratación como el empleo.
También preocupa la presión fiscal sobre las empresas. En España alcanza el 12,3 %, frente al 6 % de Suecia, un país con un sólido Estado del bienestar. No se trata únicamente de cuánto se paga, sino de cuándo se paga y sobre quién recae esa carga.
La microempresa necesita dedicar sus recursos a su actividad, no a gestionar trámites administrativos. Cuando la burocracia consume tiempo y dinero sin generar valor, acaba convirtiéndose en un obstáculo para crecer, innovar y competir. Además, las diferencias regulatorias entre comunidades autónomas dificultan la expansión natural de muchas pequeñas empresas y restan competitividad al conjunto de la economía.
P. Combina la presidencia de AECIM con su reciente renovación en el Comité Ejecutivo de la Cámara de Comercio de Madrid. ¿Qué aporta desde esa posición?
R. Luis Collado: El presidente de la Cámara sigue siendo Ángel Asensio y le agradezco que haya vuelto a contar conmigo. Representamos a las empresas madrileñas y, en mi caso, también a través de la vicepresidencia de CEIM, con el objetivo de trasladar sus necesidades y contribuir a mejorar el entorno empresarial de la Comunidad de Madrid.
La Cámara representa tanto al comercio como a la industria, aunque desde AECIM nuestro foco está especialmente en esta última. Queremos seguir impulsando la competitividad de nuestras empresas y contribuir al desarrollo económico y al bienestar de los ciudadanos.
P. El relevo generacional es uno de los retos más urgentes de la industria. ¿Con qué dificultades se encuentran las empresas y cómo se convence a un joven de que su futuro puede estar en un sector que todavía arrastra una imagen anclada en el pasado?
R. Luis Collado: Creo que la imagen del empresariado está mejorando. Durante años ha estado muy cuestionada, pero cada vez somos más conscientes de que no hay trabajadores sin empresas ni empresas sin trabajadores. Son dos realidades inseparables y debemos cuidar ese tejido empresarial.
El problema del relevo generacional está muy ligado a la dificultad de emprender. En los últimos años poner en marcha una pyme se ha vuelto cada vez más complejo y, en muchos casos, poco rentable. La pequeña empresa ha pasado a ser, en demasiadas ocasiones, una fórmula de autoempleo, cuando debería servir para crecer, generar riqueza y crear empleo.
Buena parte de esa dificultad deriva de una normativa que trata igual a una gran empresa que a una micropyme. Esa estandarización limita la capacidad de competir de las empresas más pequeñas.
Un ejemplo claro es la morosidad. Aunque muchas administraciones pagan hoy en plazos más razonables, esos tiempos no siempre llegan a las subcontratas. El contratista principal puede cobrar a 30 días, pero la pequeña empresa acaba esperando varios meses.
En Bruselas hemos defendido una legislación común sobre plazos de pago, pero también hemos explicado que una pyme de menos de 15 trabajadores no dispone de la estructura administrativa necesaria para cumplir determinadas exigencias. El propio empresario gestiona la financiación, la contabilidad, la administración y, además, desarrolla su actividad diaria.
Por eso es imprescindible simplificar la normativa. Hoy cualquier empresa debe cumplir más de 3.000 normas y reducir esa carga burocrática es una condición indispensable para que las pymes puedan crecer.
P. La FP lleva años prometiendo ocupar el lugar que le corresponde. ¿Están viendo por fin cambios reales sobre el terreno, o seguimos hablando más de lo que actuamos?
R. Luis Collado: Todos estamos empujando para mejorar la Formación Profesional, también desde las organizaciones empresariales, pero el avance sigue siendo lento porque depende en gran medida de las administraciones y del modelo educativo.
Además, el debate se cruza con otros asuntos, como la contratación en origen, que requieren una planificación rigurosa. España mantiene una elevada tasa de desempleo y cualquier reforma debe abordarse con una visión de conjunto.
El primer paso pasa por adaptar el sistema educativo para facilitar una incorporación mucho más temprana de los jóvenes al mundo laboral y acercar la formación a las necesidades reales de las empresas.
P. ¿Qué le pediría a la Comunidad de Madrid y al Ayuntamiento de la capital para que la industria madrileña gane el peso y la visibilidad que merece?
R. Luis Collado: Madrid proyecta una imagen que no siempre se corresponde con la realidad. Somos la segunda comunidad autónoma en industria en términos absolutos, aunque el peso relativo del sector sea menor porque la economía madrileña está muy orientada a los servicios y concentra buena parte de la actividad administrativa del país.
Existe una industria muy potente, pero con poca visibilidad. A ello se suma la deslocalización, favorecida por el elevado coste de vida y de implantación empresarial en la región. La diferencia de renta con provincias cercanas hace que muchas inversiones opten por otros territorios.
Debemos poner en valor la fortaleza industrial de Madrid y crear un entorno que favorezca la permanencia y llegada de nuevas empresas.

P. La escasez de talento cualificado está limitando ya el crecimiento de muchas empresas. ¿De quién es el problema: de la empresa, de la administración o del sistema educativo?
R. Ángela de Miguel: Son problemas estructurales y no existe una única causa. Lo primero es conectar mucho mejor la formación con las necesidades reales de las empresas. Disponemos de herramientas como la Formación Profesional Dual, los certificados de profesionalidad o la universidad dual que otros países aprovechan mucho más para acercar a los jóvenes al mercado laboral.
Pero hay un aspecto especialmente importante: la orientación. Hay que ayudar a los estudiantes desde los 12 o 13 años a conocer todas las opciones profesionales antes de decidir su itinerario formativo.
Muchos desconocen profesiones con una enorme demanda y terminan descubriendo demasiado tarde oportunidades que podrían haber encajado perfectamente con sus intereses.
También influye la elevada carga fiscal sobre el trabajo, que desincentiva tanto la contratación como el empleo.
Por último, la pyme tiene muchas más dificultades para llegar a los candidatos. Su tamaño limita los recursos que puede dedicar a captar talento y los propios algoritmos de las plataformas de empleo tienden a favorecer a las empresas con mayor capacidad de contratación y de inversión.
En definitiva, necesitamos una mejor orientación, una formación más conectada con la empresa y un entorno que facilite el acceso de las pymes al talento.
R. Luis Collado: Hemos desarrollado un proyecto junto al Ayuntamiento de Fuenlabrada para formar profesionales en el sector de los recubrimientos industriales. La formación fue impartida por los propios fabricantes de la maquinaria que utilizan las empresas, combinando tres meses de formación con otros tres de prácticas.
Las empresas participantes asumieron el compromiso de contratar a quienes finalizaran el programa y la iniciativa se ha saldado con la graduación de 15 alumnos, más de la mitad mujeres. Es un buen ejemplo de cómo la colaboración entre administraciones, empresas y fabricantes puede dar respuesta a la falta de profesionales cualificados.
P. La inteligencia artificial ya está transformando procesos en las grandes corporaciones. ¿Cuándo llegará de verdad a la pyme y a la industria, y en qué va a cambiar su día a día?
R. Luis Collado: La inteligencia artificial ya forma parte de la industria española y, especialmente, de la madrileña, aunque muchas veces pase desapercibida. Existen fábricas en la región que llevan años incorporándola a sus procesos y sectores como la defensa o la fabricación avanzada ya trabajan con esta tecnología de forma habitual.
Madrid cuenta con una importante industria auxiliar junto a grandes compañías tractoras, y buena parte del negocio nacional vinculado a la defensa se concentra aquí.
El desarrollo de la inteligencia artificial dependerá, sobre todo, de la capacidad energética y de la expansión de los centros de datos. España tiene importantes proyectos en marcha y, si se garantiza esa infraestructura, la implantación de esta tecnología seguirá acelerándose durante los próximos años.
«La inteligencia artificial ya es una realidad en toda la industria española, y en particular en la madrileña, aunque posiblemente sea una realidad bastante oculta» – Luis Collado
R. Ángela de Miguel: Para la pyme, la inteligencia artificial representa una enorme oportunidad. Hasta ahora, muchos proyectos quedaban fuera de su alcance porque exigían dedicar demasiado tiempo y personal a la gestión documental y al cumplimiento burocrático. La IA puede reducir esa carga y permitir que las pequeñas empresas compitan en igualdad de condiciones.
No hay que olvidar que la pyme que consigue crecer suele hacerlo gracias a su capacidad de innovar, adaptarse y encontrar nichos de mercado. Ese talento siempre ha estado ahí; lo que muchas veces ha faltado son recursos para asumir determinadas tareas administrativas.
La siguiente fase pasa por incorporar la inteligencia artificial también a la mejora de los procesos productivos. Para muchas pymes esa inversión es difícil de afrontar de forma individual, por lo que será clave impulsar proyectos compartidos que permitan extender estas soluciones a un coste asumible. Esa colaboración será determinante para mantener la competitividad en los próximos años.


