Arturo Pérez de Lucia: “Reflexiones sobre el vehículo eléctrico para no hacer el canelo”

Arturo Pérez de Lucia: “Reflexiones sobre el vehículo eléctrico para no hacer el canelo”

La movilidad eléctrica sigue avanzando como mercado y su desarrollo a nivel industrial, tecnológico y de servicios es una muestra evidente de que está adquiriendo la madurez necesaria para consolidar su posición como la alternativa de presente y futuro ligado a la descarbonización del transporte.

Sin duda es tiempo para una reflexión muy seria en torno al impulso de la movilidad eléctrica, y sospecho que no soy el único que lo cree necesario, no vaya a ser que estemos haciendo el canelo, esto es, que salgamos perjudicados por nuestra ingenuidad, nos dejemos engañar o hagamos algo que no va a ser recompensado ni valorado. Pues ahí va la mía…

Desde la perspectiva geopolítica, hay países como Francia, que están apostando por la energía nuclear porque les permite un coste de electricidad bajo y que su industria sea más competitiva. Otros como Alemania abren centrales eléctricas de carbón porque lo consideran un mineral estratégico para sus intereses.

Mientras en Francia, el consumo energético con fuentes nucleares supone el 77% de la producción, en España se eleva solo al 22%, la mitad de lo que suponen las energías renovables (2020). En cualquier caso, y al margen de las opiniones divergentes que pueda generar el debate de las nucleares, lo cierto es que, en lo que atañe al vehículo eléctrico como fuente de generación, ambas son libres de CO2 y por tanto, nucleares y renovables no hacen sino potenciar el argumento de la movilidad cero emisiones con vehículos enchufables.

 

Recursos energéticos naturales

Frente al carbón y si hablamos de intereses estratégicos, el sol y el viento son los recursos energéticos naturales más valiosos que tiene España y por fin empezamos a creérnoslo. Una fuente autóctona, libre de emisiones y eterna frente a combustibles no renovables, finitos y cada vez más costosos. Las centrales térmicas de carbón han sido denostadas por sus altos niveles de contaminación y su importante contribución al calentamiento de la atmósfera. Si en 2015, el 20% de la electricidad que consumimos en España procedía del carbón, en 2020 no llegó al 3%.

El 2020 en España ha sido, por el contrario, el de máximo histórico de generación eólica y solar y en general, de cobertura renovable. Creo que es algo de lo que debemos sentirnos orgullosos.

Una de las reflexiones más intensas que hay en torno a la movilidad eléctrica pasa por la dependencia de metales necesarios para el desarrollo de baterías y frente a mercados como China, razón por la cual, desde Europa se trabaja de forma intensa en estrategias que hagan del nuestro un continente competitivo frente a terceros. Una vez más, podemos presumir de que España es rica en oro, plata, cobre, litio, estaño y tierras raras. Una riqueza minera en Europa sólo por detrás de Suecia y Finlandia, según apunta el Instituto Geológico y Minero de España. Por ello, debemos aprovechar ese potencial que, sin duda, hará del nuestro un país de vanguardia.

Por otro lado, el precio del kWh de litio ha ido reduciéndose significativamente en la última década, desde los cerca de 1.000 dólares en 2010 a algo más de 100 dólares en la actualidad, lo que indica que los minerales, de momento, han influido poco en los costes. Por otro lado, desde la innovación se lleva trabajando tiempo para recudir la presencia de metales en las baterías, en especial del cobalto, apostando además por el reciclaje y la reutilización de materias primas y la implementación de otras sustancias como azufre y sodio.

 

Electrificación de los vehículos

Y si hacemos un análisis del sector de la automoción, estratégico para nuestra economía y que aporta en torno al 10% del PIB y el 20% de las exportaciones, el argumento de la electrificación de los vehículos cobra aún más peso, teniendo en cuenta que somos un país de fábricas, pero cuyos centros de decisión están fuera de nuestras fronteras; exportamos en torno al 80% de los vehículos que producimos a países que están poniendo fecha de caducidad en torno a 2030/2040 a la compra de vehículos de combustión y por tanto, tenemos que transformar la industria para ser atractivos a la producción de nuevos modelos eléctricos que nos permitan seguir manteniendo la posición de liderazgo de la industria automotriz española, cuya evolución también se está notando de la mano de la potente industria auxiliar en la producción de materiales más ligeros, reciclables, desarrollos para cajas de baterías, etc.. Buena la labor de asociaciones como ANFAC y Sernauto en este objetivo.

Aun así, la movilidad eléctrica abarca no solo al sector de la automoción, si la entendemos como coches, furgonetas, ciclomotores y motocicletas, sino que también está llegando a otros vehículos como aviones, barcos, camiones y autobuses, que sí son electrificables y de hecho, electrificados, pero que igual no se ha sabido trasladar adecuadamente, dado el desconocimiento de algunos en la materia.

Además, contamos en España con fabricantes nacionales que desarrollan productos en estos mercados, por lo que nos supone un argumento más de apoyo a esta industria doméstica a la vanguardia tecnológica.

 

Potencial de desarrollo e innovación

A todo ello, debemos de contemplar desde la perspectiva industrial todo el potencial de desarrollo e innovación que tenemos en el ámbito de las infraestructuras de recarga, tanto en la fabricación de puntos de carga como en los equipos de apoyo (convertidores de potencia, transformadores…), en especial para el desarrollo de estaciones de recarga de alta potencia, donde somos a nivel productivo una referencia a nivel mundial por la calidad de los productos. La marca España está garantizada con solvencia en este mercado, sin duda, y que además alcanza a la segunda vida de las baterías de los vehículos eléctricos para almacenamiento energético en sistemas estacionarios, donde igualmente podemos presumir de empresas innovadoras con acento español.

En definitiva, mi reflexión a compartir pasa por la necesidad de que no hagamos el canelo respecto al vehículo eléctrico. Es la primera vez que llegamos a tiempo como país a una revolución de esta magnitud. Apostemos por ello ya mismo desde el prisma industrial, tecnológico y de servicios para garantizar a futuro competitividad y empleo y colocarnos a la vanguardia de mercados que serán estratégicos en el breve plazo.

Por Arturo Pérez de Lucia, Director General de AEDIVE y Vicepresidente de AVERE.